Nuestra misión en Valdivia está dedicada a uno de los acontecimientos más grandes en la Historia de la Salvación, la “Anunciación a la Madre de Dios”. Citamos a continuación lo que escribió nuestro Obispo, hoy de bendita memoria, Vladyka Alexander (Mileant), de Buenos Aires y Sudamérica.

La aparición del Ángel Gabriel a la Virgen María es relatado por el evangelista, San Lucas, en el primer capitulo de su Evangelio (1:26-38).

Citaremos aquí su relato con breves explicaciones. En el sexto mes desde la concepción de Isabel de san Juan el Bautista, el Arcángel Gabriel fue enviado por Dios a la poco conocida ciudad de Galilea Nazaret a la Virgen María, desposada con un hombre llamado José. El lector debe notar que el evangelista Lucas no dice "casada," sino "desposada," ya que la Virgen María era considerada "esposa" de José sólo de manera formal (legal), pero no era realmente su esposa. La antigua tradición explica porque era así. Antes del nacimiento de María, Sus padres, Joaquín y Ana, no tenían hijos y le prometieron a Dios que si les nacía un bebé lo dedicarían al servicio de Dios. Ya ancianos, recibieron de Dios una hija, que llamaron María. Cuando María tenía tres años, los padres la entregaron al Templo de Jerusalén para educarla. Tras vivir ahí 10 años en una atmósfera de oración y pensamientos piadosos, María amaba tan fervorosamente a Dios, que ya por Su propia voluntad prometió no casarse. Después de cumplir catorce años, Ella ya no podía continuar viviendo en el templo y debía volver a la casa de sus padres o casarse. Para ese entonces Sus padres ya habían muerto hace algunos años. El sumo sacerdote, que conocía la promesa de virginidad de María y con la intención de ayudarla en su propósito, la desposó formalmente con Su pariente, el anciano José, que era conocido por su vida virtuosa. Para ese tiempo José era viudo y tenia de su primer matrimonio una familia numerosa. El vivía en Nazaret, que se encuentra en la parte sur de Galilea y trabajaba como carpintero (Mt. 13:55-56). Así, el bondadoso anciano José aceptó cuidar a su joven sobrina. Ambos eran descendientes del rey David y esperaban la venida de Mesías.

Pero volvamos al relato evangélico. Al aparecer el Arcángel Gabriel a la Virgen María, la saludo: "¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres." "Bendita" significa la que obtuvo un particular amor y benevolencia Divinos. La aparición del Ángel y sus inusuales palabras confundieron a María y Ella se puso a reflexionar sobre su significado. El Ángel, calmándola, le vaticinó que dará a luz un Hijo, que será grande y será llamado el Hijo del Altísimo. El Señor le dará el trono de su padre David, reinara sobre la casa de Jacob para siempre y a Su Reino no tendrá fin.

El antiguo reino de David, cuyos reyes eran consagrados por Dios, se gobernaba según las leyes Divinas y todos los aspectos de la vida civil eran imbuidos con la idea de servir a Dios. Este reino era una imagen del Reino de Dios venidero. La principal particularidad del reino de David no estaba en su organización civil, sino en su ideal espiritual, la de una sociedad que aspira a vivir según la Voluntad Divina. Después de la desaparición del reino de David como resultado de la invasión de Nabucodonosor 600 años a. C., su ideal continuó inspirando a los creyentes, que esperaban la venida del Mesías Salvador. A estos creyentes pertenecían la Virgen María, Sus padres, el anciano José, Zacarías y Isabel, los piadosos padres de San Juan el Bautista, el anciano Simeón que recibió a Jesucristo, la profetisa Ana, los pastores de Belén y muchos otros hebreos. Los profetas predijeron que con la venida de Mesías el reino de David será reconstruido y se transfigurará en el Reino del Mesías. En este confluirán creyentes de muchos pueblos y permanecerá eternamente. (ver Isaías 42:1-12; 54;12-14; 2: 2-3; Dan. 7:13; Zac. 9:9-11).

Santa María, que deseaba permanecer Virgen, le pregunta extrañada al Ángel: "¿Cómo será esto(es decir seré Madre) si no conozco varón?" El Ángel la tranquiliza y le explica que su promesa no será vulnerada ya que dará a luz al Hijo de una manera sobrenatural, sin varón. La concepción sin simiente será realizada por el Espíritu Santo, con cuya acción: "el poder del Altísimo te cubrirá," o sea el Mismo Hijo descenderá a su seno (según la imagen comparativa del cántico: el Espíritu Santo, como la nube misteriosa que cubría el tabernáculo del Antiguo Testamento, en el momento de concepción descenderá sobre la Virgen, Ex. 40:34; Num. 9:15). La Santísima Virgen no le pidió pruebas al Ángel, pero el Arcángel Gabriel para confirmar la verdad de sus palabras Le señaló a Isabel, que concibió al profeta Juan el Bautista en profunda ancianidad por la voluntad Divina ya que para Dios nada es imposible. La Virgen María vio en todo esto la voluntad Divina y con humildad contestó: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra."

La voluntaria aceptación de Virgen María para ser la Madre del Mesías era absolutamente necesaria para la encarnación del Hijo de Dios, porque Dios siempre preserva el don de la libre voluntad que le dio al hombre. La libertad moral es una cualidad valiosísima, que nos eleva por encima de la naturaleza inanimada y del mundo animal. Sin ella seríamos una especie de robot programado sin la posibilidad de perfeccionarnos moralmente. Siendo libres moralmente podemos crecer espiritualmente, perfeccionarnos y de esta manera parecernos a nuestro Creador. (Al contrario de Dios, el diablo trata de privar al hombre de la semejanza Divina en la propiedad de la libertad: tiende a esclavizar al hombre, primero moralmente y luego también físicamente). Así, después de la libre aceptación de Virgen María, el Espíritu Santo La cubrió y en este momento se produjo misterio el más grande, inimaginable incluso para los Ángeles: el Inabarcable, Inalcanzable y Eterno Señor descendió al seno virginal y, sin destruirlo, recibió de él la naturaleza humana compuesta de cuerpo y alma racional. El subsiguiente desarrollo del Fruto en el seno virginal siguió las leyes naturales y la Virgen llevó en Si al Niño hasta el nacimiento en Belén.

Por la misericordia Divina, este inconcebible milagro de la encarnación del Hijo de Dios, es como repetido en cada Liturgia, cuando el Espíritu Santo desciende sobre el pan y el vino, puestos en la mesa santa del altar, y los convierte en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Así en el Sacramento de la Comunión el Señor Jesucristo nos hace partícipes de Su Naturaleza Divina.

 

EL SIGNIFICADO DE LA ANUNCIACIÓN

En el día de la aparición del Arcángel Gabriel a la Virgen María se cumplió la antigua profecía de Isaías, sobre que la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo, a Quien llamarán Emmanuel, que significa Dios esta con nosotros (Is. 7:14). En ese día Dios habitó el seno de la Virgen y se hizo hombre, para liberar el mundo del pecado y del poder del diablo. No se puede entender el milagro de la concepción del Niño; es el misterio de la devoción, accesible solo a la fe (1 Tim. 3:16). En la aparición del Arcángel Gabriel a la Virgen la Iglesia ve "lo principal de nuestra salvación" — es decir el comienzo de nuestra salvación. La Anunciación es el primer rayo de la aurora matinal después de una noche larga y deprimente. Ese día nuestro mundo le presentó a Dios su mejor fruto: a la Purísima Virgen María. El Señor aceptó ese obsequio de la humanidad y le respondió con el don de la Gracia del Espíritu Santo. En el misterioso encuentro de la humanidad caída con el Benévolo Dios, que se produjo en el puro corazón de Virgen María, ya se escucha el primer, irrepetible y regocijante sonido del canto angelical, que sonó plenamente sobre la tierra recién nueve meses después: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" "Gloria a Dios" es lo que llevaba en su corazón la Virgen María y la "paz a la tierra" le fue prometida a Ella por el Salvador.

En la prudencia con que la Virgen María tomo el saludo y la promesa del Ángel Gabriel, los santos Padres de la Iglesia ven la señal de la gran virtud de poseer "razonamiento" (juicio, reflexión). Comparan el sabio cuidado de Virgen María con la fácil confianza de Eva, que irreflexivamente siguió el consejo del diablo, bajo la forma de una serpiente y encontró infortunios en lugar de dicha.

La aparición del Ángel a la Virgen María está relacionado con dos hechos: la concepción de San Juan el Precursor y la visita de la Santísima Virgen María a la virtuosa Isabel. Durante esta visita, San Juan Bautista, una criatura todavía no nacida de 6 meses, es el primero en saludar a la Virgen María con sus movimientos alegres en el seno de su madre. En ese momento también la piadosa Isabel es honrada, recibe el Espíritu Santo y exclama: "bendita Tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" y luego agrega "¿por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mi?" (Lc. 1:43). Aquí la santa Isabel comenzó su saludo con las mismas palabras, con que terminó el suyo el Arcángel Gabriel. De estas palabras de saludo se compuso una hermosa oración, que escuchamos en el templo: "Alégrate, Virgen María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, Bendita eres entre las mujeres, y bendito es el Fruto de tu Vientre, porque has dado a luz al Salvador de nuestras almas."

El estado de ternura, de santa alegría celestial, en que se encontraba la Virgen María en el día de la Anunciación están expresados en el icono "Enternecimiento", en el que la Virgen María es representada todavía sin el Niño, con las manos cruzadas sobre el pecho y con las siguientes palabras rodeando el nimbo: "Alégrate Virgen no desposada." Ante este icono oraba de rodillas días y noches San Serafín de Sarov y ante esa misma imagen murió.

La primera palabra de saludo del Arcángel Gabriel fue "Alégrate." ¡Y la festividad de Anunciación es, ante todo, una fiesta de alegría calma y celestial! Alegría por la reconciliación con Dios y la vuelta de la Gracia Divina a la tierra. Al mismo tiempo es la fiesta de triunfo de la humildad, la pureza y la castidad; la fiesta de la inquebrantable fe en la Omnipotencia Divina y el inconmensurable Amor de Dios hacia el hombre que iba a la perdición.

Desde esta festividad, "principio de nuestra salvación", nace el manantial de "agua viva", que se trasforma en un ancho río y finalmente en el ilimitado mar de milagros del Nuevo Testamento, sacramentos y Gracia del Espíritu Santo, con los cuales el Señor sació tan generosamente a los sedientos de la verdad, "dando al espíritu Santo sin medida". La Anunciación es la fiesta de la unión del Cielo con la tierra, cuando el cielo azul baja a la tierra y se une a ella. Es una fiesta "celeste." En los ojos de los fieles ese día todo se torna celeste, todo se hace más puro y transparente. Se tornan más celestes el cielo, el aire y las aguas, al reflejar al cielo sin nubes, las primeras flores y de noche las estrellas. También se vuelven más celestes las almas humanas, al tornarse más receptivas para la música celestial de esta hermosa fiesta.

El dicho ruso sobre que en Anunciación "ni siquiera las aves construyen sus nidos" nos llama a desechar ese día toda la futilidad cotidiana y dirigir nuestros pensamientos al Cielo, hacia una alegre unión con Dios. Según una antigua tradición rusa, en ese día se liberan pájaros enjaulados, como símbolo de la liberación del pecado del alma humana.

"Me sentí consolado" — escribió el poeta Pushkin al liberar un pájaro — "para que murmurar contra Dios; cuando le pude dar la libertad aunque sea a una sola criatura." Otro poeta, Tumanski, al observar a un pajarito liberado, escribió: "él desapareció en el resplandor del cielo celeste y volando se puso a cantar como si orara por mí."

 

EL OFICIO LITURGICO DE LA FESTIVIDAD.

La Anunciaciónse festeja el 7 de abril según el calendario actual (25 de marzo según el eclesiástico). Entre los antiguos cristianos esta festividad tenia diferentes nombres: "Concepción de Cristo," "Anunciación sobre Cristo," "Comienzo de la redención," "La Anunciación del Ángel a María" y recién en el siglo séptimo recibió el nombre definitivo: "La Anunciación a la Santísima Madre de Dios." La institución de esta festividad pertenece a los tiempos más antiguos. San Atanasio el Grande en el siglo cuarto la llamó "la primera entre la serie de festividades", el comienzo de la edificación de salvación humana. En los siglos 5-6, para contrarrestar la herejía nestoriana, que humillaba a la Virgen María, aumentó sensiblemente la magnitud de esta festividad. Nestorio enseñaba erróneamente que la Santísima Virgen dio a luz a un hombre común, en el cual la Divinidad se unió después de su nacimiento. El nombre "Madre de Dios" referente a la Virgen María significa, que Jesucristo ya en el momento de Su concepción en el seno de la Virgen, era el verdadero Hijo de Dios. Por eso la Virgen María llevaba en su seno y más tarde dio a luz a Dios-Hombre. Ambas naturalezas, la Divina y la humana, se unieron en la Persona de Cristo en el momento de la concepción y desde entonces no confluyen en Él y no cambian en su esencia.

Como esta festividad a veces cae en el período de la Gran Cuaresma y otras veces coincide con el pascual, el orden del oficio religioso es algo complicado. Si la Anunciación cae un día martes, miércoles, jueves, viernes o sábado de cualquier semana de Cuaresma, el servicio de Vigilia Nocturna comienza con el oficio de "Vísperas Mayores”. Si cae domingo o lunes, el servicio de la Vigilia nocturna se celebra como en las fiestas mayores. Cuando coincide con Pascua, el Polyeleon no se oficia, el canon de Anunciación se junta con el de Pascua y después del cántico 6 se lee el Evangelio.

En los cánticos del servicio vespertino se recuerda la historia de Anunciación del Arcángel Gabriel a la Virgen María y se hace notar Su gran humildad. Se habla del carácter extraordinario del Nacimiento del Salvador de la Virgen María. Ella es comparada con la "zarza ardiente" (en el desierto de Sinaí la zarza ardía en el fuego y no se consumía, Ex. 3:2. Semejante a este arbusto la Virgen María quedó intacta, incorporando a Dios). Se compara también con la "escala" que vio Jacob. (Una escalera que apoyada en la tierra llegaba hasta el cielo (Gen 28:12)). Se dice, que gracias al nacimiento del Señor de la Madre de Dios, el Cielo se unió a la tierra, Adán se renovó, Eva se liberó y nosotros nos convertimos en participes de la esencia Divina y en una "iglesia," en templo de Dios. El cielo y la tierra son invitados al triunfo y la alegría ya que el Hijo de Dios que comparte el Trono con el Padre, por su benignidad entra en el seno virginal y toma la naturaleza humana. Durante el oficio vespertino se leen los siguientes fragmentos de libros del Antiguo Testamento: Gen 28:10-17; Ezeq. 43:27, 44:1-4; Parab. 9:1-11; Ex. 3:1-8; Parab. 8:22-30. Durante este servicio al igual que en la Liturgia de la Anunciación se canta la siguiente oración, llamada tropario.

 

Tropario.

“Hoy es el comienzo de nuestra salvación y cumplimiento del misterio preestablecido desde la eternidad: el Hijo de Dios se hace Hijo de la Virgen, y Gabriel anuncia la buena nueva sobre la Gracia. Por eso también nosotros exclamamos a la Madre de Dios: Alégrate Oh Bendita, el Señor es Contigo”

En el canon se habla de la condescendencia hacia los hombres del Hijo de Dios al encarnarse y de la grandeza de la Santísima Virgen al recibir en Si a Dios. Se mencionan también las profecías y diversas indicaciones del Antiguo Testamento sobre la encarnación del Hijo de Dios de una Mujer, se habla de la fuerza del Espíritu Santo, que cubrió a la Madre de Dios con Su descenso y se explican las breves e importantes palabras del Arcángel Gabriel a la Virgen María.

Antes de la lectura del Apóstol en la liturgia se canta el "proquimenon": "Anuncien la buena nueva cada día sobre la salvación de nuestro Dios." En la epístola (Heb. 2:11-18) se expresa el pensamiento que para la salvación de los hombres era necesario que el Hijo de Dios tomar el cuerpo humano. El Evangelio (Luc. 1:24-38) relata la aparición del Ángel Gabriel a la Santísima Virgen María. La siguiente oración se canta como el último (noveno) cántico del canon y en la liturgia en lugar de "Es honorable de verdad glorificar a Ti, Madre de Dios":

 

Cántico 9 del canon.

Versículo: La tierra anuncia la gran alegría, los cielos alaban a la Gloria Divina.

Cántico: Al Arca viviente de Dios que no toque ninguna mano de impuros; la boca de los fieles que clame alegremente sin cesar el saludo de Ángel: "Alégrate ó llena de Gracia, el Señor es Contigo."

Antes de la Comunión se canta: "El Señor eligió a Sión y lo deseó como habitáculo para Si."

En la practica de los oficios Divinos, cuando la Anunciación coincide con Pascua, la luz de la festividad de la buena nueva no decae por la intensa luz de Pascua y la música de la voz del Arcángel no es cubierta por los sonidos de la sinfonía de la Resurrección de Cristo. Esto se explica por la misma naturaleza de las dos festividades: ¡la Anunciación es el comienzo y la Resurrección de Cristo es el momento culminante de la salvación del mundo!

(Tomado desde: http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/anunciacion.htm)

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